MALA ACTITUD. 28 SEPTIEMBRE 2007
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima mala actitud!
Ya me lo dijo mi hermano berto hace tiempo: qué tengo? No tengo “nada”. Y nunca llegaré a tener nada si no cambio mi actitud.
Obvio decir que para berto “algo” es una hipoteca a treinta años, muebles de revista de decoración, un coche y un futuro con hij@s y quizás algún perro-mascota.
Berto tiene algo que yo jamás he apreciado ni respetado: estabilidad laboral. Yo tengo protestas, principios, rabietas, aburrimiento, hartazgos… un poco de todo de eso que lleva a no tener jamás seguridad o “estabilidad” (algo sobrevalorado en esta sociedad según mi criterio).
Y berto aguanta, estudia, se compromete, reserva, ahorra, amortigua, espera, calla… como tanta gente a la que conozco y a la que asusto cada vez que hago una “temeridad” de las mías.
Pues ahí van dos de esta misma semana, para que el castigo venga todo junto:
- me he levantado de una entrevista a la mitad porque el trabajo me parecía una basura, pero la entrevistadora –que sería mi jefa- más todavía…
-me han despedido por mala actitud (ya es la segunda vez en mi vida; la primera conseguimos hacer firmar una carta protesta a 45 de la plantilla y di documentación al sindicato de una manera un tanto… rebelde, digamos).
Pero lo peor lo peor lo peor de mi despido… era mi sonrisa por dentro. Soy una traviesa protestona y contestataria incorregible, y encima arrogante.
No encajo, no encajo, no encajo… y me gusta.
Mis principios, mi obstinación, mi protesta, mi solidaridad, mi arrogancia, mi pereza de aguantar ciertas cosas… mis veinticinco céntimos en la cartera.
Me lo pasé pipa contándoselo a jose, mi otro hermano. El que se parece a mi y se ríe del sistema, del capital y del trabajo tanto como yo (y como a mi, trabajo no le falta; es más listo que el hambre).
Se lo conté orgullosa y divertida como si se tratase de una batallita… en plan hazaña.
Y sin embargo hoy lo comentaba con pepe tomando un café… no puedo ni quiero cambiar mi carácter protestón ante los caprichos del empresario y ante lo injusto (parece que sólo me hubieran despedido por eso; también por perezosa –aunque sea productiva, pero doy muy mal ejemplo, como me pasaba en el cole-); y no quiero cambiar, no… pero lo paso mal a veces. Las consecuencias son que una y otra vez yo y no otr@s soy la que estoy en la calle (casi siempre porque me voy; otras de una patadita en el trasero por mi “actitud”) y creo que l@s demás no corren riesgos tan “rebeldes” y “divertidos” y quizás hasta se sienten tan orgullos@s de sí mism@s como yo y encima poquito a poco van medrando…
O no.
A lo mejor tienen menos humor que yo, una pequeña úlcera, menos amigos, menos gatos… más dinero y una gran hipoteca que les ahoga. Y miedo. Miedo a perder lo poco que tienen. Poco.
Yo también tengo miedos… pocos. Pero valoro los riesgos. Y los asumo. Y me pregunto lo que siempre me he preguntado: ¿qué es lo peor que puede pasar? Me pongo en el peor de los escenarios y me preparo para la batalla, porque el peor de los escenarios nunca es terrorífico como para no asumirlo.
Pues lo peor que me podía pasar ya me ha pasado (y no tiene nada que ver con mi vida profesional).
Y por supuesto, podría perder a mis amig@s, a mis niñ@s pelud@s (jorge incluído)… pero eso NO me lo puede destruir un empresario… y mi actitud, esa tan mala, no hace sino fortalecer esos lazos de amor.
Así que nadie me puede amedrentar. Y a la vida ya le tengo tomada la medida. Quizá por eso ando tan envalentonada siempre, quizá por eso me río de todo, hasta de mí. Y desde luego del curro, mezquino o no.
No tomo nada en serio, salvo las pelis que me molan, los maullidos de mar –dice jorge que ve espíritus, fijo-, la música… y creo que ya está. Nada hay que sea tan serio como para tomárselo en serio. Yo no soy seria… y yo soy el centro de mi universo! Pues será que la vida no es mística, ni grave… quizá la vida no es dramática sino una sucesión de gags de humor negro y absurdo.
En resumen, y para seguir hablando de lo que más me gusta hablar en el mundo, YO:
Soy demasiado protestona. Así nunca voy a conseguir nada.
Soy demasiado chula. Así voy a conseguir unas cuantas antipatías… y que un@s cuant@s de l@s mí@s se sigan riendo conmigo hasta el siguiente trabajo (en el fondo todos deseamos que el que viene me dure un poquitín…). Pero se ríen… Si es que me dan cancha…
Soy demasiado crítica, demasiado escrupulosa. Así jamás encontraré nada en lo que estar tranquila…
Tengo demasiadas opciones laborales (es una fortuna, pero me malacostumbra y me hace permitirme “lujos” que luego en ocasiones me preocupan).
Y soy perezosa. Esto – y lo siento, NO lo anterior- sí que es un defecto, que admito y siempre admitiré. Además es una gran tara que me descalifica.
Y como soy demasiado arrogante, diré que soy perezosa porque nunca he tenido que estudiar para sacar dieces y nunca me he tenido que esforzar –ni formarme- para ser una buena profesional… así me he convertido en una vaga. No tengo disciplina alguna. Lo cual no es justo para l@s demás. Cuando esto se junta con la desmotivación por situaciones injustas, unido a las protestas… estoy en la calle por mala actitud.
En fin… por mi culpa, por mi culpa…