LEIA.
Seth la amó desde el primer instante, y la persiguió incesante cual mofeta a “mon amour”, acorralándola y lamiéndola incansable y apasionado.
Y ella, siempre caprichosa y desdeñosa con su enamorado, le respondía en desplantes y ocasionales bofetadas airadas.
Eso sí, siempre juntos.
Luego llegó la castración, de uno y otra. Y, liberado de su tortura y esclava pasión, Seth comenzó a vengarse… y las bofetadas y los desplantes se sucedieron a la inversa.
Ella siempre fue empática, sensible, amorosa… un verdadero motorín. Ahijada de Julia, quien se encandiló nada más verla, bebetina bebetina… siempre ha sido una gata especial, mágica. Tanto Belén, su veterinaria, quien sentía especial debilidad por ella, como quienes hayan compartido un momento con ella, en especial su tía Julia, saben que Leyina era diferente, casi humana, comunicativa, cariñosa, zalamera, simpática…
Pero la enfermedad se cebó en ella.
Problemas de corazón desde hace cuatro años, y los sucesivos ataques cerebrales desde octubre… Hace siete meses que sabemos vive, milagrosamente, de prestado. Mi cucarachina… Es un milagro del amor, de los cuidados, de su fortaleza y terquedad que haya vivido hasta ayer noche.
Cuando fui a acarciarla vi sus ojos abiertos y fijos. Su postura tranquila, dormida, apacible… en su casita azul, en el salón. Jorge fue el último que la vió con vida, una hora antes, echadina en la cocina, en otro de sus rincones.
Dentro de su mala, malísima salud, ha llevado la mejor de las vidas, lo sé. Y ha tenido la mejor de las muertes. Y YO HE TENIDO LA MEJOR DE LAS HIJAS.
MAMÁ SIEMPRE, SIEMPRE TE ECHARÁ DE MENOS, MI NIÑA. TE QUERRÉ SIEMPRE.
NADA ES, HA SIDO NI SERÁ TAN DOLOROSO COMO TU PÉRDIDA.








