Al Este











{10 Junio 2007}   Mi vida sin mi Leia

MI VIDA SIN MI LEIA. 10 JUNIO 2007

Mañana hace un mes que Leia no está. Podría hablar como en los programas de corazón de su “desaparición” aunque Jorge y yo nos reímos porque suponemos que los locutores saben dónde anda el cuerpo inerte del “desaparecido”; pero a través de los ojos de Seth posiblemente Leia sólo esté… éso, desaparecida.

Entiendo que ell@s no conocen (o interpretan de otra manera) el concepto de la muerte. Sólo así soy capaz de explicar que a la hora de estar Leyina muerta, Casandra pasara por delante de ella y pensase algo así como “ésta es la mía”, viéndola inerme… y le metiese cuatro bofetadas rápida y delinquiva. Cómo no voy a estallar en risotada al ver la macabra escena!

Así que fui capaz de reirme tras la muerte de mi niña y un mes más tarde no puedo pensar en ella sin llorar con angustia.

Siento angustia algunas mañanas que veo a l@s cuatro en la cama (cinco con el peludo grande), y me falta ella, a pesar de que ella hacía mucho tiempo que no se podía subir con nosotr@s…

Siento angustia cuando friego los platos y noto una cola zalamera acariciándome las piernas mientras una cabeza peluda se frota buscando mimos… y por un instante la siento y su recuerdo se me mete tan dentro como la propia realidad… y es mi niño Pixo. Y caigo al suelo de la cocina, a recoger al bebé, y caigo a la realidad de sus dulces ojos, de sus juegos audaces y sus mimos eternos… y son, pero no son.

Siento angustia cuando río y protesto amorosamente por los canguritos de Pixo (no sé si las demás mamás gatas llamáis “hacer el cangurito” a cuando l@s bich@s te cogen el antebrazo con las patas de delante y te golpean con movimientos rápidos y fuertes con las patas de atrás, mientras gruñen-muerden lo que pillan, todo ello jugando, aunque acabes destrozada), porque la única que hacía el canguro hasta el día de su muerte, aun con pocas fuerzas, era Leia. Y Pixo juega igual. Y a la vez me río con él y lloro con ella.

Y me sorprendo de ir a la veterinaria (querida Belén) y no poder contener las lágrimas y el ahogo nervioso y sonoro por el camino en coche, porque todo me lleva a ese último trayecto, aun un mes después; pero más me sorprendo cuando pasan las horas y pienso en el trabajo, me río con Yoyi, charlo con Pepe, veo la tele, juego con l@s bichin@s y les saco fotos… y no me acuerdo de ella. Es ya un fantasma. Y de repente el recuerdo cae en mi consciencia con todo el peso de la culpa y el remordimiento de haber olvidado a mi niña preciosa unas horas… unas horas en las que no ha existido porque nadie la ha recordado. Y me aborrezco porque la vida pueda continuar sin ella.

A veces he maldecido mi fuerza y mi capacidad de superación, porque siento que no he sufrido y no me ha destrozado lo suficiente su muerte. Quizás con otra vida y otro aprendizaje esto me hubiera dejado inservible… Julia y yo hemos hablado, reído y llorado mucho con esto… Me ha ayudado mucho su serenidad y su consejo de dejarme llevar por lo que me apetezca sentir en cada momento.

No es más necesario el luto que el recuerdo; y no es más necesario el dolor que el amor. Pero hechos menos significativos para mi los he sufrido con más abatimiento por la debilidad e inmadurez de entonces, y en algún rincón de mi alma siento deuda con Leyina por su importancia en mi vida. Siempre supe que me repondría a cualquier cosa. Sé que nada en la vida me puede abatir ni me puede hacer más daño del que ya me ha hecho. Y sabía que lo más doloroso del mundo sería perderla a ella. Y hasta para eso he estado preparada. Pero es duro estarlo.

Así que los días se pasan entre la angustia de su recuerdo, la angustia de su olvido y su olvido. Y cuando la olvido tengo y siento algo parecido a la felicidad anterior a su muerte, pero aún no es lo mismo. Algo invisible pesa. Miro hacia arriba y encuentro la respuesta en las estrellas del poema de Elena. Y seth mira hacia arriba buscando en mí la respuesta… y le abrazo y le mimo, y juego con él como hacía tiempo que no jugaba. Es curioso… ahora creo que les dedico más atención a l@s cuatro que en meses les he dedicado. No sabía lo absorta que estaba en Leyina, la cantidad de tiempo, preocupación y atención que precisaba…

Y aún le dedico. La vida es agridulce como una tragicomedia. Y mamá no sabía bien si llorar y honrarte pero sentirse débil o reir y sentirse fuerte y miserable. Ahora, afortunadamente, me siento más libre emocionalmente, y llorando y riendo empiezo a sentir que la honro siempre.

Ahora sólo me queda empezar a perdonarme sus-mis ausencias-olvidos, casi necesarias para dedicarles la atención que se merecen l@s viv@s.

Un beso, mi niña. Te quiero con locura.

Mis niñ@s Seth, Mar, Cassie, Pixo… Jorge. Julina… Os quiero. Gracias.



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