El racismo nos sacará de la crisis… pero para meternos en campos de concentración
Los colectivos integrantes de la “Ruta contra´l racismu y la represión” , entre los que se encuentra CGT OVIEDO (http://cgtdeoviedo.org.es) venimos denunciando la escalada represiva que, en los dos últimos años, está sufriendo la población inmigrante en Asturies. Persecuciones por las calles, palizas, detenciones, trato humillante en comisaría y apertura de procedimientos de expulsión son ya escenas cotidianas. Que nadie pueda decir que no lo sabía, esto es lo mínimo que pretendemos al denunciar, con luz y taquígrafos, lo que (nos) está sucediendo.
Oferta de verano: Turismo y expulsiones
En Asturies, los inmigrantes viajan gratis, pero no gracias a las publicitadas políticas de bienestar social, sino a la aplicación de la Ley de Extranjería. Este es el reverso del sueño truncado de la clase media, viajar durante todo el año. La movilidad que el mercado nos promete es el resultado de la inmovilización del Otro. Para que podamos sentirnos ciudadanas del mundo de la mano de los tour-operadores es imprescindible el expolio de sus países y la regulación de sus movimientos:
A las 13h del 28 de mayo se presentaron dos policías (uniformados) en la puerta del domicilio de M. y S., en el barrio de La Tenderina. Un policía permaneció fuera y otro entró en el piso. Le pidió a M. la documentación. Como no entregó el pasaporte, el agente preguntó dónde guardaba sus papeles y revolvió su armario hasta dar con el pasaporte. M. y S. fueron llevados, esposados, a comisaría. Posteriormente, M. fue enviado a Madrid y, a continuación, deportado a Dakar (Senegal). Su compañero de piso fue retenido durante una noche en comisaría, en un calabozo frío y sucio, alimentado solamente con un zumo y cuatro galletas.
Temporada de rebajas… en derechos y libertades
Aunque es ilegal irrumpir en un domicilio privado sin autorización judicial, a menos que se tengan sospechas fundadas de que se está cometiendo un delito –y no tener papeles no es un delito-, la impunidad policial se asienta en la situación de vulnerabilidad a la que se somete a las personas inmigrantes, el desconocimiento de sus derechos y el miedo provocado por el continuo acoso al que se les somete.
No es éste un caso aislado. Otra de las actuaciones policiales resulta ejemplar de la estrategia de presión contra la población inmigrante: un joven senegalés había sido detenido delante de su casa sin otro motivo que el de carecer de papeles. El juez sustituyó su orden de expulsión por una multa de 300 euros: esta sentencia, junto con otras similares, establece que la medida de expulsión es desproporcionada al mero hecho de cometer una falta administrativa –no tener papeles-. Este joven había realizado ya dos de los cinco pagos fraccionados correspondientes a la multa, cuando la policía localizó su domicilio y, de nuevo, entró en el piso para detener al joven. Se trata de una nueva vulneración del derecho fundamental –reconocido constitucionalmente- a la inviolabilidad del domicilio. Tras retenerle 30 horas en los calabozos y amenazarle con enviarle a un Centro de Internamiento si no entregaba su pasaporte, le abrieron un nuevo procedimiento de expulsión antes de ponerle “en libertad”.
La construcción de guetos democráticos en tiempo real
La criminalización ambiental, la estigmatización étnica y la vulnerabilidad social se convierten en mecanismos de reclusión: los controles “rutinarios”, las persecuciones por las calles, las identificaciones en las estaciones, la entrada en domicilios… y los discursos xenófobos –como los defendidos en las pasadas elecciones europeas- convierten a nuestras ciudades en cárceles para una parte de la población. La continua amenaza de ser identificadas, detenidas y expulsadas lleva a muchas personas, directamente, a no salir de casa por miedo a la policía.
La combinación de la violenta frontera exterior y los controles y dispositivos interiores funcionan de manera articulada para:
1) lograr que una parte de los potenciales inmigrantes no salgan de sus países de origen (externalización de las fronteras)
2) inmovilizar a una parte sustancial de quienes están ya aquí (Centros de Internamiento, Centros de Menores)
3) poner a los pies del mercado de trabajo a personas atemorizadas y sumisas, dispuestas a aceptar cualquier condición laboral
4) dificultar –mediante el miedo y la vulnerabilidad social y jurídica- la construcción de un sujeto político colectivo
5) imposibilitar la construcción de una red social básica y de vínculos entre la población asturiana y la inmigrante (incorporación del delito de hospitalidad en la nueva reforma de la ley de extranjería…).
Algo más que buenas palabras
En tiempos de rebajas, hay quienes pagan dos veces para que otros no paguen nada. En lugar de señalar a los responsables de la precariedad y la exclusión, se criminaliza a las personas inmigrantes; en vez de buscar nuestra seguridad en amplios derechos sociales, se premia a las finanzas que blanquean nuestra democracia, sostenida por fronteras militarizadas, tanto físicas como mentales.
Ante esta situación, queremos, en primera instancia, denunciar públicamente esta escalada represiva dirigida fundamentalmente desde la Delegación de Gobierno, con la colaboración de las policías locales, especialmente la liderada por Agustín de Luis, que desde que tomó posesión ha intensificado en Oviedo la persecución a los inmigrantes.
Esta tarde acudiremos además a denunciar la actuación combinada de las policías nacional y local en la Semana Negra de Gijón: en un espacio supuestamente multicultural, el resultado ha sido varias furgonetas llenas de material requisado –modestas mercancías con las que sobreviven personas condenadas a la ilegalidad por la Ley de Extranjería-, detenciones y apertura de órdenes de expulsión.
Pero tampoco queremos dejar de recordar el papel de unas instituciones que son cualquier cosa menos públicas… unas instituciones preocupadas por desactivar cualquier posible conflicto que pueda entorpecer el derecho del capitalismo a regular nuestros cuerpos y la libre expresión del nacionalismo español más racista y excluyente… unas instituciones que seguirán relucientes mientras sigamos retorciéndonos en silencio en nuestros trabajos, continuemos subiéndonos resignadas al autobús de la emigración o dejemos que apaleen a otros seres humanos y a nuestras conciencias.
Con todo, estas líneas no se dirigen sólo a quienes nos dan la espalda. Al resto, (n)os decimos que necesitamos algo más que indignación y buenas palabras. Hay que cuestionar el enfoque criminalizador de las instituciones, pero también debemos deshacernos de los discursos que convierten a las inmigrantes –y de paso a nosotras– en víctimas pasivas. Articular vínculos de apoyo mutuo entre personas autóctonas e inmigrantes para luchar contra las políticas migratorias y para defender un modelo de sociedad basado en la justicia, la igualdad y la dignidad de todas las personas es el objetivo de esta Ruta contra´l racismu y la represión.







